Manifiesto

Creo en el poder de la belleza.

No la que adorna, sino la que revela.
La que nace de la grieta, de lo imperfecto, de lo que ha resistido.

Trabajo el grabado en metal y, en el gesto de rasgar, quemar y marcar una matriz, encuentro una metáfora persistente: la forma que surge del encuentro entre materia e intención.

El metal transformado se vuelve piel.
La matriz, cuerpo generador.
Cada impresión es una repetición que nunca es idéntica.
Cada marca, una memoria que insiste.

En mi obra conviven materiales y técnicas que se superponen como capas de experiencia. Nada es plano. Nada permanece intacto. Todo está en proceso.

Creo en la disciplina de la técnica y en la libertad de desviarse de ella. Solo cuando comprendemos un lenguaje podemos tensionarlo, desplazarlo y expandirlo con conciencia.

Crear es un acto de resistencia, y también de cuidado. Una forma de permanecer y de registrar lo vivido sin corregirlo.

Trabajo sobre el cuerpo como territorio de memoria, sobre la naturaleza como extensión de lo humano y sobre el linaje como huella invisible que atraviesa la materia.

El arte no corrige ni promete redención. Observa. Registra. Transforma la experiencia en forma.

Cada obra es un lugar de encuentro entre materia e historia, entre lo que ha sido y lo que todavía está por comprender.

No busco salvar nada.
Busco mirar con claridad.

Y en esa mirada, algo se ordena.

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